miércoles, 12 de julio de 2017

Riesgo PYME argentino y tasa de interés activa


En estos días resuena en los medios el viejo artilugio: las PYMES son riesgosas, y por lo tanto, no es posible asignarles crédito a baja tasa de interés.

En realidad, lo que significa es: no puede asignárseles crédito.

Si se otorga crédito a baja tasa de interés, el crédito es riesgoso, señalan, porque se incrementa el apetito por el riesgo. Sin embargo, ello carece de sustento:

1. Si la tasa es demasiado alta, como sucede hoy en Argentina, una tasa alta, desde el punto de vista del prestatario, tomador del crédito, implica que un proyecto poco riesgoso tiene
alta probabilidad de ganar poco y ser devuelto al banco, y baja probabilidad de generar rentabilidad al proyecto de inversión. Esto quiere decir, que jugarse por un proyecto poco riesgoso, incrementa la probabilidad de ganar poco, dado que la tasa es alta. Entra en conflicto la compatibilidad de incentivos del sistema: si los bancos ganan más, los productores ganan menos.

2. Si la tasa es más razonable, es decir mas baja, el productor tiene mayor probabilidad de ganar, jugándose en invertir en proyectos menos riesgosos. La probabilidad de devolver el préstamo se incrementa, junto con la probabilidad de ganar dinero apostando a la producción. Entonces, el sistema es menos riesgoso porque la productividad del sector real de la economía mejora, y la competitividad productiva es mayor. En este caso, el sector financiero incrementa su productividad porque la misma depende del sector real de la economía.

Por lo tanto, la tasa determina el riesgo, y no necesariamente es al revés.

Desde una mirada del concepto de capital, como "medios de producción producidos", no es cierto que la banca pública entre en riesgo por bajar la tasa de interés. todo lo contrario. Los medios fiduciarios circulatorios no tienen un costo para el Estado, sino que por el contrario, son la esencia de la generación de su cuenta de ingresos. A mayor crédito no inflacionario, mayor es la recaudación estatal, y mayor es el reconocimiento de dicha moneda y por lo tanto su valor.

Una moneda poco utilizada, será menos valorada, al mismo tiempo que restará poder al Estado, generando enormes pérdidas en caso de no tener profundidad en la economía financiera.

En cambio, una moneda mas transada, a partir de un mayor volumen de crédito, incrementa la recaudación impositiva, mejorando las cuentas públicas, hoy deterioradas gracias a la orientación del gasto en sectores no formalizados. A medida que el Estado intenta recaudar por la vía de una mayor tasa de interés para mejorar el balance del sector público financiero, degrada el flujo de renta del sector productivo, y sus ingresos contributivos e impositivos.

Si por el contrario la tasa es baja, cada ronda de dinero eleva la productividad de los proyectos junto con la recaudación del Estado. sencillamente, un gasto con tarjeta a tasa cero, recauda un 21% de IVA, solo por poner un ejemplo, mientras que un plan social quizá no recaude nada. Por ejemplo: un plan social gastado en un comercio informal, que luego genera una demanda de atesoramiento de dólares del comerciante y salida de pesos del circuito. Fin de la circulación de dinero y recaudación cero.

Además, el gasto estatal genera déficit fiscal, mientras que el crédito se recupera, sin necesidad de pagar por dicha recuperación a través de la colocación de Letras. En cada colocación de Letras, el Estado paga por su emisión previa un 26,25%, al mismo tiempo que genera nueva emisión futura con mayores costos y caída de recaudación fiscal.

Las introducciones de dinero fuera del sistema financiero merman el poder del Estado y la producción nacional, mientras que las introducciones por dentro del flujo crediticio mejoran la performance de la producción y del fisco. Esto no es trivial.

Si la presión impositiva es del 32%, y la tasa de remuneración de una suma de dinero equivalente a la base monetaria es del 26,25%, solo 5,75% quedan para la circulación monetaria en favor del Estado.

En algún momento, esta degradación dineraria produce desbalances, y el país colapsa financieramente. El propio Estado genera su propia destrucción.




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