miércoles, 17 de mayo de 2017

Por qué las expectativas deberían salvar a la política económica?

Usualmente, los economistas aluden al concepto de expectativas para explicar una mejora económica futura, que actuaría como canal de trasmisión de la política monetaria dura, dando una señal de estabilidad futura.
Pero, como actuaría esa señal y por qué motivo?

Supongamos que esto es como un juego de truco en el que hay dos casos:
Caso a) tengo el ancho de espada y de basto y te canto truco. Si decís quiero, perdés y si decís no quiero perdés también. Por 2 puntos y por un punto respectivamente. Si tu expectativa es ganarme por goleada, perdés por más goleada todavía: si retrucás, como sé que te gano, perdés por cuatro puntos.
Caso b) no tengo cartas para ganarte, si tenes expectativas de ganarme me apurás y me ganás, y si tenés expectativas de perder, vas a perder aún teniendo mas cartas que yo.
Conclusión: si el gobierno tenía todas las cartas para ganar, no importaban las expectativas, pues tenía margen para solucionar el déficit, acceder a deuda externa, y el margen político de un gobierno nuevo para encarar la reforma del Estado que priorice la educación y salud pública, sin una sangría de recursos en forma de descalabro macroeconómico.
Pero las expectativas corren cuando llevas las de perder.
Cuando la moneda es estable, no son las expectativas las que crean inflación.
Cuando tenés solvencia, no son las expectativas las que te vuelven insolvente. Tiene que existir una información previa, que genere una corrida cambiaria, o bancaria. Las cosas no pasan porque sí.
Y cuando la moneda es inestable?
Es muy raro que te salven las expectativas sino conseguís una reestructuración importante, con apoyo político.
La situación del 2016 la ví como el caso a), hasta que elevaron la tasa al 38%, degradando las cuentas públicas del BCRA y del Tesoro.
El año que viene, ya en caso b), ahí si las expectativas pasan a ser importantes, y por eso es preferible irnos al mazo, perder por un punto (ajuste), que generar hiper o megadeuda. El ajuste ya está generado desde el momento en que nos endeudaron espuriamente desde el BCRA, al mismo tiempo que no utilizaron las reservas internacionales para crecer.
Solo el crecimiento hubiera permitido el repago de la deuda externa, y no la generación de otra deuda paralela.
La información del 2016 ya fue percibida por grandes inversores, banqueros, productores y familias. Por lo tanto, las expectativas no son exógenas, sino que dependen de la jugada previa, en este caso del año 2016.
Tanto el déficit público en dólares, el atraso cambiario, léase expectativa de devaluación futura, como la tasa de inversión corriente y el deterioro de nuestro capital, condicionan todos ellos una recuperación futura.
Ello se vé en nuestras cuentas externas de comercio: caen tanto el ingreso de combustibles, los bienes intermedios y las piezas para bienes de capital, y en contraste con ello, crece la importación de bienes finales.
Para el caso de bienes durables, cae la demanda nacional y se eleva la importada.
Por lo tanto, no puede existir un cambio favorable en las expectativas de inversión, lo cual está a la vista, si el gobierno no toma cartas en el asunto, y debe hacerlo de manera urgente.

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