viernes, 25 de agosto de 2017

Las cajas jubilatorias no deben privatizarse ni defaultearse




Uno de los problemas de Argentina es su volatilidad. Pero tal volatilidad no consiste simplemente en los números, sino en las ideas de quienes comandan el pais. La volatilidad de los valores, y de las costumbres se correlaciona con la volatilidad del rumbo a seguir.

Si las ideas de quienes tienen injerencia son volátiles, la política económica y, en general, toda gestión de gobierno será volátil. El rumbo es ambivalente y los valores no son valores si no se sostienen en el tiempo.

La palabra no existe, y no cobra sentido aceptar una promesa de cobro futuro.

Tal es el caso del sistema previsional y de los mecanismos de actualización de ingresos a los jubilados y pensionados.

Hay básicamente 4 hechos que tiñen de gris a las cajas previsionales privadas a la hora de pensarlas como una caja de ahorro. Por tal motivo, pierde sentido una caja jubilatoria privada.

1) Una caja de ahorro permite la disponibilidad de los recursos. En tal sentido, en caso de riesgo, uno puede acudir a ellos, extraerlos del banco, si hace a tiempo en caso de crisis o de necesidad, y cubrirse. En caso de dinero en cajas de seguridad, mejor aún en términos de seguridad, aunque se resigna rendimiento.

Pero ello no ocurre para el caso de los aportes previsionales.

Sucede que no se puede optimizar el flujo de efectivo a lo largo de nuestro trayecto de vida, y lo único que podemos hacer es confiar en que de aquí a 30 años los ahorros estén a salvo, y que en general, el país no sufra grandes crisis.

Pero la realidad golpea esa idea, y la toma de deuda desenfrenada prende una luz de alarma, cuando la variable de ajuste son las deudas internas. Cuando las deudas externas se tornan difíciles de pagar, se hace mas probable defaultear los compromisos internos, ante una sociedad que siempre vuelve a caer en la trampa.

¿Por qué deberíamos depositar años de esfuerzo en una caja sobre la que no tenemos disponibilidad de dichos recursos en el corto plazo, y sobre la que desconocemos su rumbo?

Imaginemos que en el año 2010 confiamos en el gobierno, comenzamos a aportar a la caja previsional y hay un cambio de política, las cajas se recortan y la edad jubilatoria se eleva. En tal caso, el aportante no tiene opción para decidir si permanecer y continuar aportando, o retirarse y cobrar lo aportado hasta el momento.

Está preso en un sistema, el cual no maneja ni gestiona. No existe irreversibilidad. Lo aportado, aportado está, y no existe forma de recuperarlo, mas que continuar el camino hasta el final.

Cuando realizamos un deposito a 365 dias en un banco, se supone que la tasa de interés es mas elevada que para un depósito a 30 dias. Nos limitamos, generalmente, a depositar a corto plazo, porque sabemos que un valor importante consiste en poder disponer del dinero en caso de necesidad.

¿Por qué depositamos a 30 años desconociendo el rendmiento de tal inversión y privándonos de liquidez por 30 años?

Afirmar lo contrario, implicaría sostener que conocemos los ingresos percibidos futuros. Pero aunque es dificil estimar eso en cualquier ejercicio de economía, (sino imposible), si sabemos que cuando un pais desahorro y pierde en crecimiento económico, no es factible que los ingresos futuros se eleven. Es que los salarios reales a largo plazo dependen en gran medida de las tasas de ahorro y de crecimiento previo.

¿Por qué renunciamos a toda posibilidad de disponer de tales recursos en caso de arrepentimiento, y continuamos realizando aportes hasta el final de nuestra vida laboral activa?

Sabemos que no podemos arrepentirnos. En caso de que algo no nos guste, no podemos a mitad de camino recuperar los aportes realizados. Pero aún así, y en un país que defaultea nuestros ahorros, decidimos aportar, ¿por qué?

2) Es sabido que el espíritu de una caja previsional es la solidaridad intergeneracional. De nada serviría darle a un tercero, privado, nuestros recursos para que genere ganancias y excedentes económicos de corto plazo, en el marco de un plan de ahorro de mas largo plazo. 

La estrategia del aportante es la seguridad de la inversión, para una vejez segura. Pero ello es incompatible con la estrategia del manager de activos financieros, los cuales buscan retornos y ganancias en la volatilidad de corto plazo. 

¿Por qué deberíamos, en este marco, ceder nuestros recursos a un privado? 

¿Por qué no podemos ser nosotros mismos ese privado, y ahorrar sus comisiones y númerosos gastos de gestión?

Para el caso de que la garantía a nuestra vejez sea nuestra propia caja privada (y ya no la solidaridad de un Estado de bienestar futuro y presente), nuestro riesgo pasa a estar directamente ligado con el riesgo de nuestras inversiones privadas, pero nuestro rendimiento se ve mermado por las ganancias de intermediación del manager de activos (AFJP). En tal caso, sustituimos un objetivo de seguridad, por otro de rendimiento, pero lo cedemos a un privado. Con lo cual nos quedamos sin pan y sin torta.

Imaginémoslo así: si vamos a colocar nuestro dinero con retornos de plazo fijo a 30 dias, no hay necesidad de dejar el dinero con indisponibilidad durante 30 años. Lo mejor en tal caso, es que el privado que maneje tal dinero seamos nosotros mismos. Para el caso en que el objetivo sea de solidaridad y de seguridad, lo mejor será apostar a un sistema contributivo o de reparto bajo un Estado de bienestar. 

3) ¿Por qué prestar por debajo de las tasas de mercado?. Cuando indisponemos del dinero por mas largo plazo, nos convertimos en prestadores a tasa activa. No existe tasa pasiva a 30 años. Ni retornos Noruegos con riesgo argentino. Los bancos no prestan a mas de 36 meses, salvo pocas excepciones, y en Argentina no hay crédito de largo plazo desde hace bastante tiempo, a pesar de que mas del 50% de la banca es estatal. Siempre que hubo, estuvo dolarizado. Pero el encargado de bajar ese riesgo es el Estado.

¿Por qué deberíamos prestar a 30 años para obtener como retorno una jubilación que no cubre la canasta básica total?

Mientras el Estado requiere de una tasa de empleo creciente para financiar a la población pasiva, una inserción y profundidad financiera mayor, posibilitaría que las erogaciones del Estado no se realicen via gasto, y se permita un flujo de caja crediticio sin necesidad de incrementar los impuestos. 

El sistema funcionaría asi: 

a) el Estado sustituye gastos por crédito b) el crédito permite recaudar sin incrementar el déficit, constituyendo al Estado como acreedor del sector privado sin asfixiarlo, a tasas de interés muy bajas c) se incrementa la tasa de acumulación de capital por reasignación de recursos d) aumenta la tasa de ahorro  estacionario y de crecimiento económico.

El Estado gana y el sector privado también, pues se genera ahorro inversión y crecimiento económico. El mecanismo es el ahorro forzado previo, que en realidad ya existe hoy, pero con una devolución al sector formal nuevo y preexistente, de mayor productividad que los gastos corrientes gubernamentales. Así es como la inversión se incrementa, sin necesidad de incurrir en fallas teóricas. La inversión, dada la situación previa, antecede al ahorro futuro.

En la medida que el empleo formal crece, y la base recaudatoria se amplia, los impuestos incluso podrían bajar a mediano plazo. 

Si los bancos públicos prestan, y el dinero es un bien homogéneo, no habría razón para que los bancos privados compitan con tasas mucho mas altas, para misma denominación de moneda  y plazo, y la transformación bancaria de riesgos sería mas facil a medida que el mercado de activos crece junto con el ahorro y el crecimiento económico.

Incrementar la base laboral activa, es la solución estructural al déficit previsional, que necesita cerrar una brecha de 10 puntos entre erogaciones e ingresos. En una comparativa latinoamericana, la brecha de tasa de empleo argentino se encuentra a 12 puntos de Brasil y a mas 20 puntos para algunos paises europeos. Imaginen eso, 20 puntos de distancia en tasa de empleo sobre población mayor de 15 años de edad. Es muchísimo. En ese sentido hay mucho por mejorar. 

4) A la indisponibilidad presente, al sentido de solidaridad intergeneracional ahorrando costos financieros de intermediación, y al hecho de no prestar por debajo del precio de mercado, se suma un cuarto elemento. Es el hecho de que un banco no tiene, ex ante, sus ingresos futuros. Claro que ya existe un riesgo, por ejemplo, de que el aportante quede desempleado. Pero aún así, un depositante puede retirar su dinero en caso de que el retorno bancario del depósito no satisfaga sus expectativas de ganancias.

Pero ello no ocurre para el caso de las cajas previsionales. Las gestoras de ahorros previsionales saben que los ingresos están ya comprometidos para el aportante, y no compiten. Por alguna razón, poseen un beneficio informativo adicional, y saben que los aportantes en edad laboral activa deben continuar aportando a pesar de una rebaja en el rendimiento de los aportes. 

Cuando se edifican sociedades sobre la base de la solidaridad y los buenos valores, cobra sentido en eficiencia y equidad, un sistema de seguridad social que además cubre riesgos de salud presentes para toda la sociedad. 

Cuando se intenta cambiar esos valores y se reemplaza el sistema de gestión bajo la maximización privada de beneficios financieros de corto plazo, incompatibles con las necesidades de largo plazo del contribuyente, es mejor que cada uno se salve por si mismo y aprenda finanzas personales. 

Aunque si me dan a elegir, apuesto a la solidaridad. Qué mejor garantía que trabajar sobre la construcción de valores sociales, respetando los compromisos internos y cuidando a nuestros viejos: ese si que es el mayor rendimiento.