domingo, 17 de septiembre de 2017
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La sana competencia
By Fernando Rezk septiembre 17, 2017
Cuando la asignación de recursos "no es correcta", en general, muchos economistas le echan la culpa al Estado, pues "se entromete en los mercados y genera ineficiencias, concede dádivas, mercados cautivos, monopolios, e impide la sana competencia".
Pero, ¿de donde proviene esa idea de que el Estado se entromete en los mercados?
Desde que el hombre es hombre, que la competencia existe.
Desde que crecemos, le quitamos el helado de chocolate a nuestro hermano, o le tiramos el muñeco de peluche en la cuna para que el mismo llore. La competencia está dentro de nosotros. En este caso se da por celos, aunque existen decenas de impulsores.
Guiados por nuestras pasiones e impulsos, emprendemos nuestra carrera, a veces mas planeada y a veces menos.
Hay quienes trabajan en los medios de comunicación y emprenden una brillante carrera, de crecimiento vigoroso, hasta que llega el dia en que "miden en las encuestas". Es ahí cuando mediante una sana competencia previa saltan a la política, como un sano resultado del mercado competitivo. El hombre es un resultado del sistema y recrea el mismo.
Empresarios exitosos realizan una extraordinaria carrera empresarial, acumulan ahorro, hasta que llega el día en que luego de imponerse por sana competencia pueden financiar hermosas campañas y llegar al poder: aquí la sana competencia genera líderes políticos.
También están las personas de trayectoria, que no tienen capital monetario, pero sí un carisma o cualquier tipo de capital social monetizable en el mercado y luego en la política: aquí podemos incorporar a científicos consagrados, intelectuales, escritores y otros que con llegada al público pueden saltar al círculo político, luego de haberse ganado su lugar mediante la sana competencia.
Sería extraño encontrar paracaidistas que ingresen al Estado sin haber transitado mediante años de trabajo en el sector privado o en la militancia política la sana competencia. En general, es en el Estado donde quedan mejor representados los resultados de la competencia que, no es ni mas ni menos que el resultado de la sociedad, o bien, de gran parte de ella.
Cuando las empresas pujan por los mercados, uno de los instrumentos que tienen para lograr su maximización del market share o participación o porcentaje del mismo es lograr que las leyes se dicten en su favor. Pero para ello, deberán competir con otros empresarios que también buscarán lo mismo.
En este caso, las leyes y las regulaciones que mejoran la performance de unas empresas e impiden las de otras, serán el resultado de la.... adivinaron: de la sana competencia.
Algunos se encuentran en mejores condiciones para competir y otros en una situación mas desventajosa, de la misma manera que en el mercado no todos tienen la misma fortaleza y recursos humanos, capital social y monetario.
La competencia es nuestra madre naturaleza, y quien piense que la misma no existe porque existe el Estado, debería pensar quien ha creado la estructura de competencia al interior del mismo.
Sería muy dificil pensar que existe un elemento llamado Estado creado por si solo "a pesar de los mercados" y no gracias a ellos.
Si la competencia se dirime, en parte, en el Estado, y el mismo se eliminara, debería reemplazarse por otro espacio de lucha o competencia, recrearse un nuevo instrumento que canalice las energías y las fuerzas que confluyen en esa institución llamada mercado. Salvo que estemos deseosos de imponer un mecanismo de lucha al estilo vikingo o volver a la época de las cavernas.
Pero si el Estado no nos gusta, en realidad, lo que estamos diciendo, es que no nos gusta el resultado del mercado, o de los distintos mercados. Y cuando decimos que buscamos una dura reforma, lo que decimos es que el mercado se ha desviado demasiado. Que la competencia nos ha desviado del camino correcto, o del menos ventajoso para quien proclama ser anti-Estado, pero deberá influir en él para lograr su cometido.
Y lo que se hace para lograr ello es competir. Quienes piden reducir el Estado compiten con otros a quienes el Estado representa en su victoria competitiva.
Y quienes niegan al Estado como resultado del mercado han llegado a la negación de la madre naturaleza, y comenzaron a transitar por lo que se llama fe.






