Introducción
Si en Singapur los analistas criticaran al gobierno, seguramente serían encarcelados o bien multados. Un país en el cual a excepción de las crisis asiáticas de fines de los 80´y del 97´ ha sostenido tipos de interés persistentemente bajos, y mucho más luego de la crisis financiera global con epicentro en EEUU del año 2009.
| Fuente: Datos Macro |
El caso argentino
La mayor enfermedad de la historia argentina: una sociedad pide devaluaciones y al mismo tiempo corre al dólar.
Una de las mayores enfermedades que puede tener un paciente, consiste en pedir la cura y la enfermedad al mismo tiempo. De nada han servido innumerables shocks cambiarios a lo largo de nuestra historia, todos ellos inefectivos para cambiar los precios relativos en favor de la industria nacional de manera duradera.
Solo la devaluación de 1967, con controles de precios y con un estallido posterior en 1969, llamado "el Cordobazo", nos dió a los argentinos un veranito de precios relativos en favor de la producción nacional gracias a una devaluación cambiaria.
Lamentables son los análisis que sostienen que el problema es el atraso cambiario, luego de sucesivos estallidos históricos cambiarios, forzados o no forzados. Argentina sostiene hoy superávits comerciales con la mayor cantidad de países, incluso de elevada competitividad precio, como Hong Kong, Chile, o incluso una decena de países asiáticos. El déficit comercial se explica por 6 países fundamentalmente.
Argentina exporta el 30% en manufacturas de origen industrial con innumerables destinos, y solo mantiene un déficit comercial que es estructural, y que no se corrige de manera sistemática devaluando.
Una prueba que se puede chequear fácilmente es calcular el impacto que sobre el déficit bilateral entre Argentina y China existe debido al tipo de cambio. La respuesta es clara: el déficit comercial no se debe a ello.
El ITCRM es el tipo de cambio que se propone usualmente para analizar la competitividad externa argentina de tipo cambiaria. Pero la misma está viciada por el vicio que conlleva un promedio.
Sucede que el tipo de cambio está comparado contra un promedio de precios que no representa a la economía de todos los que participan de ella, y no es representativo de las competitividades sectoriales. Mucho menos en un país que tiene una heterogeneidad estructural y una dispersión grande en las productividades relativas intersectoriales.
| Fuente: BCRA |
También podríamos chequear el déficit comercial con los 6 países que representan nuestro déficit comercial estructural a saber: Brasil, México, China, EEUU, Alemania y Francia. Por algo el ITCRM se compone de la relación con estos países-regiones (excepción de zona euro).
Sucede que aunque tomáramos como válido al costo interno, de una heterogénea estructura productiva, como promedio de precios de una canasta de bienes de consumo, aún quedaría el tema de la sobre (o sub) estimación debido al uso de promedios (o mejor dicho, promedios de promedios).
Si se fijan, un 200% de devaluación el 7 de enero del año 2002, sobreestima la ganancia de competitividad respecto de cada país. y una fuerte apreciación del ITCRM, sobre estima la apreciación respecto a la competitividad bilateral con nuestros principales socios con los cuales tenemos el déficit comercial estructural.
La realidad, es que no hay tal atraso cambiario y el país exporta desde vinos, maquinaria agrícola, huevo en polvo y aceite. En este sentido se hacen necesarias políticas microeconómicas de tipo sectoriales, que generen un despegue productivo a escala mundial, de aquellos sectores hoy castigados, y de aquellos que al incentivarlos, no generan grandes costos fiscales, pues es una variable mas a tener en cuenta para minimizar el endeudamiento público de tipo cortoplacista.
El camino es largo, y aún no está claro el diagnóstico generalizado en la sociedad.
¿Qué hacer?
Si fijamos objetivos claros veremos mejor el horizonte. ¿qué queremos?
Si me preguntan, quiero:
- competitividad en sectores pequeños en relación al PBI, pues son los sectores que menor pérdida fiscal generan, y mayor potencial recaudatorio generarán si los dejamos crecer
- equilibrio social, que se logra con competitividad en sectores hoy mano de obra intensivos, como es el caso hoy de nuestro sector textil, muy competitivo pero con altos gravámenes internos
- crédito barato, sobre todo en capital de trabajo (de alta rotación bancaria) y como queda demostrado para el caso de Singapur, el déficit fiscal no es impedimento para prestar a tasas bajas., simplemente porque prestar mas es gastar menos
Solo cuando entendamos que el déficit fiscal no es relevante, en países en los cuales se gasta menos porque se presta mas, nos dedicaremos a prestar mas. Solo prestando mas, el Estado puede achicar su déficit porque sostiene la demanda agregada y aumenta la inversión, gastando menos, y fortaleciendo competitivamente a sectores mano de obra intensivos y dinámicos, en nuestro caso como el sector textil, turismo y otros ligados a servicios.
El déficit no es estructural cuando el Estado presta el dinero fiduciario creado. El déficit es estructural cuando el Estado debe mas que lo que crea en términos de tasa remunerada por dichos billetes en circulación, y en términos de que su tasa de interés supera en cargos financieros a la recaudación fiscal.
Bajar impuestos a sectores mano de obra intensivos con alto potencial y baja recaudación en relación al PBI, y prestar mas, es la clave del desarrollo, y nuestra salida a este embrollo financiero.






